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14 Noviembre 2006

AQUELLOS BUENOS VECINOS

En este país nadie es ajeno a la incomoda situación de tener que convivir con múltiples vecinos, cada uno de ellos con infinidad de características que a la hora de la verdad representan un desafío el tener que comprender y sobre todo tener que aceptar. Lo peor de todo es que en cualquier sitio en donde usted quiera vivir hay por lo menos una familia bastante curiosa que agrega al diario existir cualidades particulares que en algunas ocasiones, no siempre, pueden resultar amenas o soportables.

Absolutamente nadie se ha librado de aquel vecino que cualquier hecho en su vida representa todo un acontecimiento, que por supuesto desencadena toda una celebración que amerita traer todos los “juguetes”. Entonces tan adorado vecino, considera que no hay mejor elemento que los tan cotizados Mariachis, que resultan dignos de presenciar y conmemorar un aniversario, un cumpleaños, una bienvenida, una despedida, entre otras tantas celebraciones que diariamente inventamos los colombianos.
No hay nada más incomodo, perturbador e inoportuno que el trinar de unas trompetas a la media noche en un día de semana miércoles, al cual le prosigue una jornada de estudio que inicia a eso de las cinco de la mañana, y que estos instrumentos en su dulce y armoniosa melodía, interpreten “Perdón”, “Mujeres divinas”, “Motivos”, o “Como quien pierde una estrella”, siendo estas pocas sólo unas de las miles canciones de los más grandes y destacados intérpretes del género romántico-popular de las rancheras como son Vicente Fernández, Pedro Aguilar o Alejandro Fernández, entre cientos de ellos.

O que me dice usted de la familia más bien disfuncional y problemática, que todos los días a las diez de la noche, son productores, directores y protagonistas de una verdadera batalla campal, de la que se dan cuenta todos los vecinos de la unidad y un poco más de los del barrio; pelea en la cual se discuten y tratan de resolver tópicos tales como la llegada tarde de la noche anterior, la mala nota en matemáticas del hijo menor de la casa, el olvido en el pago de la cuota de la tarjeta y así un sin numero de sucesos que representan un verdadero detonante para esta familia.

También están los vecinos recién casados que después de un año de matrimonio siguen viviendo la “luna de miel”, y hacen testigos de sus noches de pasión y locura al edificio completo, perturbando considerablemente a los vecinos con niños en los hogares, que bombardean a sus padres con preguntas incomodas de educación sexual, poniéndolos en un verdadero dilema.

No han de faltar los vecinos que sus peleas, discusiones, tópicos, diálogos, declaraciones, conversaciones en fin, están basadas, fundamentadas y traducidas en groserías, es decir, que su lenguaje esta constituido en un 90 por ciento de “guachadas”. Esas palabrotas, grandes, feas y vulgares que al momento de oírlas en una discusión ajena se hacen verdaderamente incomodas, y se tornan aún más incomodas cuando no se quiere que los niños de la casa aprendan esas groserías que muy probablemente representarán un verdadero problema en el colegio, tanto para el niño como para los padres. Esta bien que en ocasiones, y solo en ocasiones hagamos uso de una que otra “palabrilla” indecente, pero ya adoptarlas como estilo de vida y para todo el mundo es fatal.

Como ignorar a esos vecinos para los cuales usted también merca, es decir, que al momento de comprar víveres y reabastecer su despensa y nevera, usted tiene que pensar por dos. “Que tal si llevo café descafeinado, ¿será que a mi vecino también le gusta?”, está bien que muy, pero muy de ves en cuando necesiten azúcar, limones, papas, arroz, café y hasta carne; pero ¿siempre? Honestamente esta situación incomodaría hasta al más paciente de todos, francamente no hay derecho que abusen de nuestro espíritu de solidaridad y de nuestras ganas de compartir. Si no tiene con que comprar pues que trabaje y si trabaja que reclame el sueldo.

Que tal el vecino que tiene cuatro hijos de 2, 4, 6 y 7 años, cada uno más necio que el anterior. No respetan a nadie, rayan las paredes, dañan las matas de la unidad, golpean los carros y juegan, gritan y corren por las escaleras los domingos desde las seis de la mañana, y todo esto con un agravante, que sus papás no les dicen nada, no los castigan, ni les pegan, dejan que hagan lo que quieren, escusados en que “hay que dejar que desarrollen su personalidad y evitan llamarles la atención para no irlos a traumatizar”; hasta donde me acuerdo a mis abuelos les pegaban y les gritaban por todo, y no están ni traumatizados ni averiados psicológicamente.

Sin lugar a dudas todos tenemos la vecina de encima que “taconea” desde las cinco de la mañana que se levanta hasta las once de la noche que se acuesta. Es tal el desespero y el trauma que terminamos soñando con martillazos en la cabeza.

Que le parece ese inquilino del lado, al que usted no puede llamarle vecino, porque en ocho años de compartir el mismo piso del edificio usted a duras penas sabe como se llama, por que pareciera que diariamente desayunara alacranes, almorzara limones y cenara ají, definitivamente no saluda ni a palo, es que usted prefiere dejar ir el ascensor con tal de no tener que compartir un minuto de tiempo al lado de este individuo por que verdaderamente es bastante incomodo.

En fin todos estos odiados vecinos, hacen parte del selecto y bien variado grupo de seres que componen nuestra sociedad inmediatamente continua a nosotros, a los cuales quisiéramos desaparecer y no tener que vivir o lidiar con ellos ni que ellos lidien con nosotros. Lo importante es reconocer que no vinimos a vivir solos a este mundo. Donde quiera que estemos vamos a estar rodeados de muchas personas con las cuales tenemos que aprender a convivir y buena parte de ese aprendizaje significa el respetar la libertad que tiene el otro y reconocer hasta donde llega nuestra propia libertad para no terminar siendo parte de algunas de estas horribles categorías de “buenos vecinos”
JULIANA DIAZ CARDONA 20041092

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Sobre mí

Hola mi nombre es Juliana Díaz Cardona, tengo 20 años. Actualmente estudio Comunicación y Periodismo en la Corporación Universitaria Lasallista en Caldas- Antioquia, estoy en 5to semestre. Me considero una persona muy tierna, amigable, sincera, buena persona. Como defectos soy orgullosa, muy grosera, egocentrista, Muy frentera, posesiva y muy celosa. Sin embargo soy un ser humano bien. Me encantan los perros, sueño con que algun día pueda tener mucha plata y poder tenes una finca con muchos de los perros que recogería de la calle; los cuidaría mucho! De hecho tengo dos perros, Sasha que es mi hermanita, y Juana que es mi hija. En realidad, son una obseción!! Espero que les guste mi espacio!!!

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